Programar tu frigorífico para las vacaciones

Uno de los aspectos más importantes (¡y más desconocidos, maldita sea!) de la conservación de los alimentos en el frigorífico es que el hecho de que éstos no están en una especie de cápsula que los aísla del resto del mundo para cualquier cosa, suceda lo que suceda. En absoluto. Tenemos que tener presente que la temperatura exterior influye, y no poco, tanto en la calidad de la conservación de los alimentos como en la maquinaria del propio frigorífico. Y es que no es lo mismo para él tener que emplearse a fondo contra el calor que dejarse llevar tranquilamente por el frío de la temperatura ambiente.

 

¿En serio no puedes hacerlo con la puerta cerrada?

¿En serio no puedes hacerlo con la puerta cerrada?

La temperatura óptima del interior

Así que llegamos a la conclusión de lo importante que resulta adaptar el frigo a las necesidades del exterior. Pero como sé que esto no lo vamos a hacer todos los días (es más, muchos no lo harán ni una sola vez en su vida), lo idóneo y, sobre todo, realista, es que lo hagamos una vez en invierno y otra en verano. ¡No es tanto pedir!

Bien, ya nos hemos metido en el coco que un par de veces al año nos toca cambiar el chip a la nevera. Y la pregunta siguiente es… ¿cuántos grados son ese chip? Se trata de bajar la temperatura en verano y subirla en invierno. Es decir, que hay que ir a la contra.  Al fin y al cabo, la nevera cuando es verano no sólo tiene que pelear contra la temperatura exterior, sino con todo el calorazo que le entra cada vez que abrimos la puerta. Y ese gesto… es en verano cuando más veces lo hacemos. Así que, por ponernos en un término medio suponiendo que nunca lo fuéramos a modificar (¡cosa que no debería suceder, que conste!), lo suyo sería tener el frigo a una temperatura de 5⁰, mientras que para verano deberíamos bajar la temperatura entre 2⁰ C y 3⁰ C. En invierno podríamos no tocarla o, en todo caso, subirla entre 1⁰ C y 2⁰ C.

El modo de cambiar la temperatura del interior del frigo es sumamente intuitivo. En todo caso, como hacemos siempre en este Blog, lo más recomendable es asegurarse de su funcionamiento en el manual de instrucciones que viene con el modelo. Aunque sea poco probable, siempre cabe la posibilidad de que el nuestro sea una excepción. Hecha esta puntualización (que es algo así como decir a los montañeros que aunque haga buen día se aseguren en un servicio de información meteorológica de que no les va a caer un chaparrón encima a la media hora de emprender la marcha), lo normal es que para seleccionar la temperatura que queremos, con cada pulsación del botón, subamos o bajemos un grado.

Lo normal es que las opciones de temperatura que nos dé el frigo oscilen entre los 0⁰ C y 8⁰ C mientras que las del congelador estén entre los -17⁰ C y -23⁰ C en la mayoría de los modelos.

 

Ahorra espacio y energía

¡Mala idea!

¡Mala idea!

De todas formas, y volvemos al verano porque es el momento en que el frigorífico se pone como loco de consumir, la mejor manera de ahorrar energía es abrir la puerta lo menos posible (es duro, lo sé) porque entre el calor exterior que calienta la carcasa y la oleada que le invade cada vez que nos sacamos una cerveza, sometemos al aparato a un nivel de exigencia bastante loco.

Por supuesto, el tener que abrir la nevera menos veces y durante menos tiempo cada una de esas veces, tiene mucho que ver con el adecuado orden interno (que a su vez tiene que ver mucho con los tupper ware y los cartelitos -estos últimos especialmente en el congelador-). El disponer los productos que antes van a caducar en primera línea ahorrará también bastantes segundos de puertas abiertas. Y por supuesto, como hemos dicho otras veces, a poder ser evitemos que los alimentos toquen las paredes del frigo. Y lo que es más, ya para premio, si pueden no tocarse entre ellos pues mejor que mejor, así el frigo los envolverá perfectamente y su conservación será mejor.

¿Cómo podemos ahorrar un poquillo más? Pues aliviando al frigo en la medida de lo posible. Es decir, por ejemplo descongelando lo que necesitemos dentro del mismo. Por así decirlo, de esa manera le estamos regalando un frío que le hará esforzarse menos. Tardará más en descongelarse, sí, pero basta con organizarse un poco, que cosas más difíciles se han visto. E igual que el frío le va pero que muy bien a la nevera, el calor le sienta rematadamente mal. Así que eso de pasarnos cuatro pueblos calentando la sopa o la leche y solucionarlo metiéndolas en el frigo para que se enfríe deprisa… ¡nunca jamás!

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