Argumentos para comprar una secadora

¿Cuál es el mejor momento para comprar una secadora? Bueno, no nos vamos a comprar uno a propósito cada vez que venga la temporada de lluvias (aunque me huelo que a los fabricantes no les molestaría lo más mínimo). Pero algunos argumentos sí que podemos dar.

 

¿Sale rentable una secadora?

Si la rentabilidad la medimos exclusivamente en euros, pues es obvio que no. El sol suele salir más económico, aunque también es cierto que entraña ciertos peligros. Exponer la ropa demasiado a según qué temperaturas puede debilitar los tejidos llegando éstos a rasgarse con mayor facilidad. Además de que, creo que esto ya lo sabe todo el mundo, si nos pasamos de la raya en el tiempo de exposición, la tela (si es que es blanca) corre el peligro de empezar a amarillear. Y eso, al fin y al cabo, se traduce en dinero.

Lo que indudablemente sale rentable es el adquirir una secadora de bomba de calor. Estos suelen ser los últimos modelos y tienen una tecnología mucho más avanzada, así que como os podéis imaginar el precio a desembolsar es algo mayor que las “antiguas” secadoras de condensación o de evacuación. La cara B de esta historia es que a largo plazo el ahorro es importante en términos de eficiencia energética. De hecho dependiendo de la marca, podemos estar hablando de un ahorro de hasta casi la mitad de energía, si comparamos entre una secadora de eficiencia energética A+++ y una A+.

Esta es la secadora más rentable. Siempre que no estropee la ropa

Un punto en el que yo siempre soy muy insistente es en el del ruido. Es que esa es una de las cosas que más pueden molestar. Y también por eso, en mi opinión, el que se quiera comprar uno de estos aparatos hará bien en no limitarse a leer lo mucho o poco ruido que hacen, y tampoco debería creerlo del encargado de la tienda de electrodomésticos. Y no porque él quiera engañar a nadie, sino porque maneja unos datos que pueden perfectamente no significar nada. Por ello lo mejor es meterse en los foros de internet y leer unas cuantas opiniones de usuarios. Decibelios más o menos, ellos sí saben el alcance del ruido que hacen estas secadoras: lo han vivido en sus propios tímpanos.

Si hablamos de la rentabilidad, las que salen perdiendo son las secadoras de condensación, así como las de evacuación, que son las que la gente ha tenido de toda la vida. La razón es que el modo de calentar el interior del tambor es mucho más caro. Ambas lo logran a través de resistencias, que para llegar al calor necesario precisan de una enorme inyección de energía. El modo de acabar con la humedad que extraen sí sería diferente: las de condensación lo guardan en un pequeño depósito y las de evacuación lo expulsan al exterior de la vivienda a través de un tubo.

 

Gasto energético en el secado

En este mismo sentido, uno de los mejores avances, más allá de la buena eficiencia energética de la que hablábamos arriba, son los sensores de humedad. Gracias a ellos, lo que la máquina hace es adaptarse. Detectando el nivel de la humedad puede aplicar exactamente el programa que la ropa necesita y durante el tiempo que lo necesita, y ese ajuste del aparato a la inversión exacta de electricidad es lo que le permite ahorrar… y ahorrar mucho.

En todo caso y si nos fiamos de aquello de que algo tendrá el agua cuando la bendicen, apliquémoslo a las cifras de ventas de estos electrodomésticos, que en los últimos diez años se han (nada más y nada menos) cuadruplicado. Lo que significa que la gente lo encuentra necesario, desde luego, pero lo que es más, que no lo encuentra excesivamente caro. Algo bueno estarán haciendo los fabricantes.

 

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