¿Eres de vitro o de inducción?

¿Qué es mejor, la vitrocerámica o la inducción? Esta es una pregunta que todos nos hacemos cuando decidimos cambiar nuestra cocina. Es probable que durante muchos años hayas cocinado con una placa de vitrocerámica, pero ahora que tienes la oportunidad de cambiarla te preguntas cuál es mejor.

En este artículo vamos a darte las claves para orientar tu decisión. Explicaremos las características de cada una de ellas, las ventajas y los inconvenientes, y sobre todo las diferencias, ya que todavía es un mundo desconocido para muchos.

Soy de inducción porque…

Las placas de inducción revolucionaron el mercado hace unos años. Fue la marca Balay quien la comercializó primero tras una investigación llevada a cabo con universidades y grupos de investigación. Los electrodomésticos son pura tecnología. Sus prestaciones avanzan a pasos agigantados y cada vez son más innovadoras, eficientes y sostenibles.

Fruto de esa investigación, en la que participaron científicos destacados, Balay sacó al mercado las placas de inducción que poco a poco se han ido popularizando. Ahora sin duda son la mejor opción. En resumen, y antes de entrar a explicar su tecnología, destacamos que son más rápidas que la vitrocerámica y más eficientes. Consumen la energía necesaria y eso también tiene un efecto en nuestra factura de la luz.

La inducción funciona con campos electromagnéticos que generan calor. El cristal ya no se calienta con una resistencia eléctrica como ocurre con la vitrocerámica. Pero para que esos campos magnéticos funcionen necesitan entrar en contacto con un recipiente ferromagnético.

Es decir, la inducción no funciona con cualquier cacerola o sartén, sino con los recipientes que tengan, como decimos, esa base ferromagnética.

Por tanto, si vas a comprar una placa de inducción tendrás que renovar también toda la batería de ollas y sartenes. Muchas veces las marcas ofrecen promociones y regalos de estos recipientes con la compra de la placa. Pero si no es así, calcula que tendrás que sumar al coste de la placa un gasto extra para las cacerolas.

Al funcionar con campos electromagnéticos, la inducción es más rápida y solo genera la energía necesaria, no se pierde como habitualmente ocurre con la vitrocerámica. Además es también más segura porque solo caliente cuando está en contacto con el recipiente. Es decir, si posamos la mano en el círculo de fuego no nos quemaremos, sólo notaremos cierto calor. Esto es una ventaja sobre todo si tenemos “niños inquietos” en casa.

Además, las placas de inducción son ahora más flexibles y nos ofrecen combinar distintos espacios y tamaños de cocción. Por ejemplo, podemos elegir una zona con un diámetro más amplio con forma rectangular para los recipientes más grandes.

Tras unos años en el mercado, su precio ha bajado bastante y ahora mismo hacerse con una de ellas es bastante asequible.

Soy de vitrocerámica porque…

Al tiempo que hablábamos de la inducción hemos desgranado las diferencias con la vitrocerámica. Esta es la más popular en los hogares y es una opción más económica que la inducción. Es perfecta, por ejemplo, para pisos compartidos de estudiantes. Sin embargo, si vas a cambiar tu cocina, te aconsejamos que te decantes con la inducción porque es más rápida y eficiente.

La vitrocerámica funciona con una resistencia eléctrica. Esto es bastante habitual en el mecanismo de los electrodomésticos. Sin embargo, en los últimos años se están introduciendo tecnologías que la están sustituyendo.

El calor de la resistencia eléctrica calienta el cristal vitrocerámico y este, a su vez, el recipiente colocado sobre él.

Consumen más energía porque no son tan precisas. Irradian un calor que no siempre aprovechamos. Su gran ventaja es que son más económicas, ya que rondan los 200 euros.

No obstante, también la vitrocerámica ha incorporado nuevas funciones, aunque poco a poco irán desapareciendo en favor de la inducción.

Tienen zonas gigantes, por ejemplo, con un diámetro de 32 o 28 centímetros, que son muy prácticas cuando queremos cocinar para mucha gente.

Incluyen además un sistema de control más intuitivo y fácil de usar, con el que el usuario puede regular la potencia y el tiempo de cocción con solo usar un dedo. Para evitar descuidos, algunos modelos incluyen una alarma para avisarnos en el caso de que no la hayamos apagado y una desconexión automática cuando ha pasado un tiempo prudencial.

Pero, además, las placas cuentan también con un control de temperatura del aceite que permite freír cada alimento a la temperatura más adecuada.

Por tanto, si todavía no puedes cambiarte a una placa de inducción, no te preocupes porque la vitrocerámica también ha avanzado y ha incorporado muchas de las funciones que tienen la inducción. ¡Suerte con la compra!

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